lunes, 20 de enero de 2014

Adiós y hasta siempre

No soy un experto en este tema, pero lamentablemente han desaparecido de mi Camino muchas personas a las que me gustaría seguir viendo, quizá demasiadas personas.

Llevo días pensando en esto, desde que uno de mis mejores amigos me llamó para contarme el fallecimiento de una persona anciana muy especial para él y ella. No sé muy bien por qué, ya que la conocí poco, quizá porque les oí hablar mucho de ella y siempre bien o porque estoy con la gestión emocional a tope, pero el caso es que llevo desde entonces pensando en este acontecimiento que inevitablemente nos llegará a todos.



No quiero hacer memoria de todas las personas que se me han ido, pero si especialmente de dos, mi PADRE en mayúsculas y Álex, mi sobrino pequeñajo. ¿Por qué solo de estas dos? Porque el primero fue un maestro en muchas cosas de la vida, casi todas, su talante, su humor, su fuerza y sobre todo el amor por mi madre y por sus hijos. Me enseñó a amar desde el silencio, a ser cariñoso y amable y aunque se fue hace muchos años, no ha pasado ni un solo día en que no me acuerde en algún momento de EL. Y el otro gran ausente, Álex, con algo más de dos años fue reclamado, injustamente para todos los que le conocimos, por esa regla Universal que llama injustamente y antes de tiempo a aquellos que considera seres excepcionales para que crezcan al otro lado. Este enano rubio, con su cara de pillo, en muy poco tiempo transformó mi vida y la de mucha gente, gracias a él y algo casual descubrí el Reiki y me di cuenta de lo que es realmente importante en la vida. Gracias a EL empecé a crecer y dejé de vivir para trabajar empezando a trabajar para vivir, al poco de irse, parece que algo estaba esperando a que Álex pulsara ese interruptor en mi cabeza y aprovechó para ordenar un cambio en mi trabajo, me echaron de la empresa en la que llevaba 14 años y cambié mi perspectiva de vida.

Empecé  crecer, a aprender más cosas, más terapias complementarias y a progresar en el Reiki, a investigar el Budismo, el Taoísmo y demás. Ahora sigo aprendiendo a través de la inteligencia emocional, el coaching y más. He descubierto lo que deseo ser “de mayor” y en ello estoy.

Por todo esto doy las gracias a todos aquellos que pasaron ya por mi vida, pero en especial a estos dos SERES TAN ESPECIALES.



¿Y por qué todo esto? Porque me gustaría que cuando sientas el dolor de la pérdida, un dolor que debe suceder, que tiene que suceder, cuando estés en el proceso de duelo. Debes de entender que es un proceso natural y sano. Pero que debe servirte para cicatrizar y sobre todo para valorar y agradecer todo aquello que esa persona que se fue te ha dado.

No volverá, de eso puedes estar seguro/a, pero siempre estará en tu mente, en tu corazón o en tus pensamientos. Siempre será aquella persona que te hizo bien, porque claro que cometió errores, pero era porque no era perfecto y eso también es bueno.

No lo/a olvides, fue importante y se merece un hueco en ti, sobre todo si te aportó algo. Utiliza sus enseñanzas o simplemente imita todo aquello que fue bueno en él o ella y vivirá en esos detalles.

Cierra los ojos y respira hondo, deja a tus ojos llorar… y deja que pase el tiempo, el duelo es sano, pero deberá pasar. Esa maravillosa persona ha llegado aquí para cumplir una misión, como dice L.Hay, para cumplir un propósito y para mejorar como Ser. Sé que no te consuela ahora esto, pero déjalo en tu mente y habrá un momento en que lo retomes, quizá entonces si te sirva.

Y mi más profundo consejo, si eres feliz recordando los buenos momentos con él o ella, haz que tu paso en esta vida sea igual para aquellos que comparten contigo la vida.

Dedicado a P. y J. (cuando queráis, cuando podáis)


… y a todos los que han perdido a un ser querido.

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