martes, 15 de julio de 2014

Escúchame por favor

Situación 1
¡Ring!
¡Ring!
-      -         ¿Hola?
-          Hola, soy Pedro ¿cómo estás?
-          Hola Pedro, me extrañaba que no me llamaras hoy ¿Qué tal el día?
-          Fatal. Un día horrible en el trabajo, mi jefe me ha echado una bronca por aquello que me pidió, al intentar defenderme me ha sacado trapos sucios que no podía rebatir. …
-          Lo que tienes que hacer es hablarle claramente y decir que no te trate así.
-          Ya, claro, el problema es que si le hablo como tú me dices se va a enfadar mucho más.
-          Y que, que le den por saco, que sepa que tiene que respetarte, que tiene que valorar tu trabajo.
-          Si, si tienes razón, pero no sé cómo decírselo.
-          El problema es que no tienes narices a enfrentarte a él. No tiene ningún derecho a tratarte así. Debes poner punto y final.
-          Pero… ¿y si le hablo así y me despide?
-          Pues mira, quizá tenga que ser así, que le den, a él y a la empresa.
-          Tienes razón, lo haré.
-          Un abrazo.
-          Igual. Adiós.

Situación 2
¡Ring!
¡Ring!
-          ¿Hola?
-          Hola, soy Pedro ¿cómo estás?
-          Hola Pedro, me extrañaba que no me llamaras hoy ¿Qué tal el día?
-          Fatal. Un día horrible en el trabajo, mi jefe me ha echado una bronca por aquello que me pidió, al intentar defenderme me ha sacado trapos sucios que no podía rebatir. …
-          ¡No me digas!
-          Si, y además tras intentar hacerle comprender, al final he preferido dejarle hablar y que se desahogara.
-                                 ¿Y cómo te has encontrado tú?
-          Pues mal, no paraba de decir cosas insolentes, me echaba en cara cosas de hace años. No sé, la verdad a que ha venido todo esto.
-          No es la primera vez ¿verdad?
-          La verdad es que no, es un dictador que no toma en cuenta a su equipo. No sabe dirigir un departamento.
-          ¿Lo has hablado con tus compañeros?
-          Si, y todos pensamos igual. Estamos aburridos de él, incluso hay compañeros que están pensando irse de la empresa.
-          ¿Y tú que tienes en la cabeza?
-          No lo tengo claro, me esto planteando hablar con él y decirle que no puede seguir así, que al final tendrá problemas con el equipo y que se quedará solo.
-          ¿Has pensado bien lo que le vas a decir?
-          Más o menos, lo tengo que trabajar para no meter la pata.
-          Si crees que eso es lo que debes hacer, hazlo. Quizá así te quites un peso de encima.
-          Sí, creo que eso haré. Gracias amigo por escucharme.
-          Gracias a ti por contármelo. Un abrazo.
-          Un abrazo.

¿Qué percibes entre la primera y la segunda conversación? 
Es evidente que la primera es más corta, ¿aparte de eso?

¿Es tan difícil escuchar? 
Si, sin duda. No sabemos escuchar, en cuanto alguien nos cuenta algo tendemos a dar nuestra opinión, somos su padre/madre, su tutor, en otras utilizamos nuestra piedad, nuestra lástima – pobrecillo/a, tú no te mereces eso, que lástima… - La otra persona sólo quiere contarnos un problema que le aflige y ahí estamos nosotros para consolarla, aconsejarla, recomendarla.

¿Realmente es lo que quiere la otra persona?
Normalmente no, y si es así habría que estudiar por qué (dependencia, vaguería, comodidad, falta de iniciativa) en resumen, es más fácil a veces que nos digan que debemos hacer, que tomar nuestras propias decisiones. A eso nos acostumbran desde pequeños – no hagas eso, no hagas aquellos, haz eso o haz aquello – El resultado es que cuando maduramos debemos tomar nuestro camino y decidir, equivocarnos y volver a repetir.

Escucha al que tienes delante, al que te quiere contar algo, al que quiere abrir su corazón. 
Escucha, presta atención, haz por entender lo que se sucede y porque le sucede. Quizá tú ya lo hayas vivido, quizá tengas la experiencia necesaria para aconsejarle, pero eso no le enseñará lo que debe hacer, simplemente cumplirá tus órdenes y si no funciona, no será él el que se ha equivocado, sino tú.

Practicar la escucha activa no es tarea fácil, no estamos educados para ello. Pero eso no quiere decir que no puedas practicar. Harás sentirse mucho más cómodo o cómoda al que tienes enfrente, estarás más capacitado para entender, para ayudar.

Cuando alguien te cuenta un problema necesita ser escuchado, tu no siempre tienes la razón, tu no siempre sabes la respuesta, el no siempre espera un consejo. Ponerse en los zapatos del otro ayuda a conocer la razón de lo que te cuenta, seguro que si tu estuvieras en su situación, con su personalidad harías algo parecido. Respeta al otro, respeta lo que te está contando y respeta como ha llegado a esa situación que te cuenta. Ponte sus zapatos.



Enséñame a andar, pero no andes por mí.

Enséñame a pescar, pero no me des el pescado.

Dame tu mano, pero no me cojas en brazos para andar el camino, debo andarlo yo.

Permíteme que aprenda, guíame si crees que debes hacerlo, pero permite que yo tome mis propias decisiones.

Recuerda, si le dices a alguien lo que debe hacer y no funciona, no será él el que se ha equivocado, sino tú y lo peor, él no habrá aprendido nada y quizá ahora desconfíe de ti.

Mucha Luz en Tu Camino Personal.


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